Tucumán, tierra de profundas raíces culturales, ha sido escenario y origen de algunos de los artistas más influyentes de la música argentina, cuyas obras trascendieron generaciones y fronteras. En primer lugar, Mercedes Sosa 


nacida en San Miguel de Tucumán en 1935, encarna el alma del folclore nacional. Conocida como “La Voz de América Latina”, Sosa no solo revolucionó el folclore con su poderosa interpretación y su compromiso político, sino que también se convirtió en un emblema de resistencia y libertad artística durante los años más oscuros del país. Su participación en el Movimiento del Nuevo Cancionero, junto a figuras como Armando Tejada Gómez y Tito Francia, impulsó una renovación estética y temática del género, uniendo la tradición popular con una conciencia social y latinoamericanista. Otro referente esencial es Ramón “Palito” Ortega 

 nacido en Lules en 1941, quien llevó el nombre de Tucumán a la escena del pop y el rock nacional en los años sesenta. Su éxito masivo, con canciones como “La felicidad” y “Un muchacho como yo”, lo posicionó como uno de los ídolos más populares del país, abriendo el camino para que artistas del interior llegaran a la industria musical porteña.

También deben mencionarse Los Tucu Tucu 


 grupo formado en 1960 por Héctor Bulacio, Carlos Sánchez, Ricardo Romero y Héctor Hugo “El Chivo” Valladares, quienes se transformaron en embajadores de la música norteña, fusionando zambas y chacareras con armonías vocales distintivas. Su estilo elegante y su amor por el terruño tucumano marcaron a generaciones de intérpretes. En un plano más instrumental y académico, destaca Juan Falú, guitarrista, compositor y docente nacido en 1948, reconocido por su virtuosismo y por haber creado un puente entre el folclore tradicional y la música contemporánea. Su trabajo como investigador y promotor cultural —a través de encuentros, festivales y grabaciones— consolidó a Tucumán como un centro vital para la guitarra argentina.

Otro nombre de peso es Yuca Córdoba, trovador tucumano que combinó la poesía, el humor y la denuncia social en sus canciones, siendo una voz singular dentro del cancionero popular del NOA. Asimismo, el legado de Chango Farías Gómez, aunque nacido en Buenos Aires, tuvo una fuerte impronta en Tucumán por su labor junto a artistas locales y su papel en la renovación del folclore moderno. No se puede olvidar a Lucho Hoyos, representante contemporáneo que continúa la tradición de compromiso social y experimentación sonora, ni a Mariana Carrizo, quien ha difundido la copla y la identidad del norte en escenarios nacionales e internacionales.

En conjunto, todos estos artistas, desde Mercedes Sosa hasta las nuevas generaciones, han forjado una identidad musical tucumana rica y diversa, donde conviven el folclore tradicional, la canción social y las nuevas fusiones sonoras. Su influencia va más allá del arte: representan la voz de un pueblo, la memoria de una región y la pasión de una provincia que sigue siendo una de las cunas más fértiles de la música argentina.